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“Las Experiencias Educativas Alternativas como Laboratorios de lo Posible para la Transformación Educativa y Social”

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El 29-30 de Setiembre se desarrolló el II Encuentro hacia una Pedagogía Emancipatoria para Nuestra América, en el Centro Cultural de la Cooperación, C.A.B.A. En el mismo se presentaron más de cien trabajos, entre los cuales se encuentra el que expuso Ginés del Castillo, representando a nuestra escuela, bajo el título “Las Experiencias Educativas Alternativas como Laboratorios de lo Posible para la Transformación Educativa y Social”, que compartimos aquí.
Los trabajos restantes los podrán encontrar, en breve, en http://pedagogiaemancipatoria.wordpress.com/

 

 

Las Experiencias Educativas Alternativas como Laboratorios de lo Posible para la Transformación Educativa y Social

Ginés del Castillo

 La escuela ha muerto

Cuando uno conversa sobre educación en diferentes lugares del país, descubre que un elemento en común es el descontento. Nadie está satisfecho con la educación actual, unos por una razón y otros por otra; algunos porque consideran que no hay libertad y otros porque creen que no hay límites, unos por el exceso de contenidos y otros por la falta de aprendizajes y así en cada aspecto, de un extremo al otro. Por encima de todas las particularidades, ronda la sospecha de que “la escuela ha muerto”.

La transición

La escuela tradicional era aquella de la Revolución Industrial y la Modernidad, la escuela funcional al capitalismo y al control del Estado sobre los individuos, inmersa en una sociedad diferente a la actual.

Lo que ocurre es que la escuela tradicional aún está presente, pero ya no tiene el ímpetu que tuvo, cuando se le asignaba nada menos que un rol de ordenamiento de la sociedad, de un orden social naciente. Son muchas las razones por las cuales esa escuela ha perdido su lugar en nuestra sociedad actual pero, entre ellas, podemos distinguir el lugar que los medios de comunicación le han quitado en su misión de transmitir o de crear una particular forma de construir la realidad; la función de control ya no está, exclusiva ni prioritariamente, en manos de la escuela. Tampoco se necesitan hoy “ejércitos” de trabajadores a sueldo sino, principalmente, mano de obra muy calificada proveniente de los ámbitos universitarios y posgrados, reservados preferentemente a las clases sociales dominantes.

Estamos en un período de transición donde hay una escuela que ya no cumple ni tiene en claro sus funciones, pero no hay otra que la reemplace. Esto genera una diversidad de actitudes y respuestas.

La escuela ya no es la única que enseña

Estamos transitando una etapa “posmoderna” que todavía no tiene una definición propia: ya no es la modernidad pero aún no es otra cosa.

En esta etapa de transición aparecen nuevas formas y relaciones sociales y de producción, mayormente signadas por las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Esto afecta también las formas de aprendizaje, que ya no están centradas exclusivamente en las escuelas tradicionales y aparecen distribuidas en diversas ofertas sociales y también en forma de auto-aprendizaje. La escuela ya no es la única que enseña.

Hoy, una familia de clase media con algunos recursos económicos, toma la escuela pública -estatal o privada- como un “tránsito” hacia la universidad, una obligación que no se cuestiona demasiado pero, al mismo tiempo, la “complementa” con otras actividades (idiomas, danza, música, artes plásticas, manualidades, deportes, por ejemplo), que encuentra en otros espacios no formales. Esto nos lleva a pensar que la igualdad de educación para todos debería contemplar esta posibilidad de ofrecer una educación con trayectos de libre elección a toda la población, en forma gratuita o asistida por el Estado. Utilizando un lenguaje gastronómico, significaría pasar de comer “el plato del día” (lo mismo para todos) a la posibilidad de comer “a la carta” (elegir lo que uno quiere comer).

El surgimiento de alternativas

En medio de esta situación, y un poco impulsadas por ella, surgen experiencias educativas alternativas desde diferentes sectores de la sociedad.

Algunas sólo pretenden suplir lo que consideran que el Estado no brinda a través de la educación oficial, pero la mayoría no nace como “proyectos” (un plan, un conjunto de instrumentos para un fin, algo que se lanza hacia adelante) sino como “huidas” o “escapes” del sistema educativo convencional, sobre el que se vierten diferentes miradas críticas.

Mientras algunos aún buscan en la educación formal una manera de obtener un mejor posicionamiento para la venta de su fuerza de trabajo, otros se preguntan sobre la racionalidad de esta forma de vida que se ofrece como única e inevitable y buscan otros horizontes para sus hijos y para ellos mismos.

Dentro de las alternativas que se generan, podemos encontrar desde los bachilleratos populares y las escuelas campesinas, hasta aquellas que optan por la escuela en casa o desescolarizar a sus hijos, pasando por diversidad de espacios educativos o lúdicos informales, apoyo escolar, innovaciones en las escuelas tradicionales de gestión privada o estatal y otras escuelas de diferentes tipos.

Estas experiencias alternativas a la educación tradicional muchas veces inician su camino  enrolándose en distintas corrientes pedagógicas, la mayoría de las cuales datan de principios del siglo pasado y ya están parcialmente incorporadas a las prácticas de la escuela convencional; en otros casos, suscriben a nuevas corrientes que están desarrollándose en la actualidad en forma incipiente, sin que se pueda hablar de una “nueva pedagogía”, sino de recortes de las conocidas más algunas didácticas que, en la mayoría de los casos no pasan de ser cuestiones instrumentales o cosméticas. Algunas permanecen en ese nuevo equilibrio o zona de comodidad sin grandes cambios, pero muchas -pasado el período de escape de lo viejo- comienzan a investigar en la práctica y a encontrarse con nuevos horizontes que hasta entonces no se vislumbraban.

Laboratorios de lo posible

En esta situación de cambios y de transición, las nuevas alternativas aparecen como verdaderos laboratorios donde se elaboran propuestas posibles para la educación del futuro y de una nueva sociedad. Como tales, muchas de ellas podrán hacer sus aportes a una nueva educación, aunque no todas prosperarán y tampoco tendrá el futuro un único modelo educativo. Nadie puede decir cómo será la educación del futuro, aunque muy probablemente no contará con escuelas tal como hoy las conocemos; cualquier intento de definirla no será más que otra idea que provendrá de lo conocido, de la memoria, del pasado, de lo viejo.

De todos modos, el presente ya reclama una educación que contemple alternativas y posibilidades de optar por diferentes caminos de desarrollo y no una única y monolítica oferta educativa al servicio de proyectos ajenos a sus intereses. Quienes trabajan transformándola en la práctica, saben que la educación del futuro está bajo sus pies, entre sus manos, cada día en que se abocan a su tarea como algo completamente nuevo, que no debe fidelidad a lo establecido.

La libertad de educar-se

Mucho se habla del derecho a la educación, pero no se ve cómo ese derecho termina convirtiéndose en una obligación impuesta sobre los niños y jóvenes desde el Estado, con la aceptación de las familias. Y la obligatoriedad no es sólo de educar-se, sino de recibir, aceptar y mostrar buenos resultados en lo que se les imparte o impone de una manera uniforme, sin distinción de capacidades e intereses, con fines que parecen humanitarios pero que, en el fondo, responden a un proyecto digitado por los intereses económicos y una concepción de desarrollo que no se puede discutir. El marco que los Estados y organismos internacionales aplican para esos fines es la escolarización obligatoria, la reclusión de las nuevas generaciones durante toda su niñez y adolescencia en ambientes que pretenden controlarlos, imponerles su visión del mundo y convertirlos en recursos humanos “bien educados”, de desempeño no conflictivo, basado en “valores”.

En este sentido, el desafío presente es poder pasar de una “educación para todos” a una “educación para todos… y cada uno”, que tenga en cuenta las capacidades e intereses diferentes, lo cual no puede ser un objetivo “de última” pero sí una propuesta estratégica para el momento actual ya que, sin eliminar la “escolarización” obligatoria, la limita y abre un escenario de libertad que puede tener su vida propia y ofrecernos resultados sorprendentes.

La supervivencia en la transición

Siempre vamos a abogar por soluciones que puedan hacerse transferibles a todos los que lo deseen; no obstante, en la transición educativa, cultural y social que vivimos, parece legítimo buscar soluciones de supervivencia, aunque a veces no puedan ser aplicadas inmediatamente a todos, ni todos las compartan siquiera.

Las iniciativas surgen muchas veces a partir de grupos de personas que se reúnen para crear juntos nuevos espacios educativos para sus hijos; también suelen ser iniciativas de docentes o directivos de escuelas públicas y, aún aquellas búsquedas que comienzan siendo individuales -como la educación en casa- terminan colectivizándose a través de organizaciones formales o informales.

De modo que vivimos un proceso colectivo, no único ni localizado, sino diverso y distribuido, de búsqueda de soluciones o de nuevos escenarios de vida en los cuales se inscribe una profunda transformación educativa que ya está en marcha.

El propósito de la Educación

Sabemos que las grandes preguntas de la educación son el para qué, el qué y el cómo. Desde los ámbitos oficiales los cambios se centran mayormente en lo que se enseña, mientras que las experiencias alternativas suelen poner el centro en las metodologías.

Una transformación profunda de la educación no provendrá ni de nuevos contenidos de los aprendizajes, ni de nuevos métodos de enseñanza. Lo que hace de elemento ordenador de una transformación educativa es la respuesta que demos a la pregunta ¿para qué educamos, para qué aprendemos? Del nuevo propósito de la educación surgirán nuevos contenidos, nuevos métodos, o los mismos adquirirán otra dimensión en un contexto diferente.

Desde la experiencia de 24 años en la Escuela de la Nueva Cultura “La Cecilia”, proponemos que una nueva educación debe ser transformativa, creando las condiciones para la transformación personal. Esto implica desarrollarse o crecer en libertad, desprendiéndose del trasfondo de condicionamiento genético, cultural, psicológico, instalado en cada uno para así poder ver el mundo con una mirada no contaminada por el pasado, una nueva mirada que construirá un nuevo mundo y una nueva sociedad, teniendo en cuenta que la sociedad es lo que somos.

A modo de cierre

Entendemos que vivimos una época de grandes cambios de paradigmas, a los cuales no escapa la educación. Se registran condiciones reales para una profunda transformación. Pero para que ello ocurra es necesario instalar esta necesidad y posibilidad en la cultura, en la subjetividad de las personas. La película “La Educación Prohibida” ha contribuido en esa dirección y la Red de Educación Alternativa “Reevo” pretende ser una continuidad que trabaje en la transformación necesaria, en el terreno mismo, junto a otras organizaciones que caminan en la misma dirección y que se multiplican día a día.

La Transformación Educativa de este siglo requiere de actores que se comprometan con un trabajo sostenido dentro de la diversidad, que puedan apoyar a todas las experiencias, sin comprometerse con una sola corriente pero sin creer, a pesar de ello, que todo es lo mismo, que todo funcionará, que todo llegará a ser parte de la educación del futuro.

En medio de este florecimiento de decenas o cientos de opciones, habrá de surgir un eje, un hilo conductor, un elemento ordenador que otorgue sentido a lo diverso y a lo disperso, que sirva desde un extremo a otro, desde la educación pública estatal hasta aquella que educa en casa o en la naturaleza, o para la revolución social. Nadie puede pensar que tiene en sus manos ese elemento ordenador, aunque tal vez lo tenga; esto surgirá de la práctica, validando un camino o varios pero, para que ocurra, debemos estar juntos y en movimiento.